jueves, 26 de enero de 2017

Infancia mágica


Y he regresado, con las manos vacías y el corazón lleno.

Repleto de olores, sensaciones dormidas, casi olvidadas.

He vuelto del ayer mas lejano, de los días que se perdieron en la memoria del paso de los años.

He revivido instantes cargados de colores, donde las risas de los juegos de niños aún retumban entre las paredes de ladrillos y el hormigón del suelo.

Allí donde los bocadillos se compartían y los sueños
se contaban, el mismo lugar donde crecía y se
fraguaba la personalidad de lo que nos hemos convertido.

Ese lugar mágico donde la inocencia era mas grande que los cuerpos, donde las risas eran mas fuertes que las tormentas del invierno, allí donde los veranos se pasaban entre piscinas y juegos en la calle.

Me he paseado por los recuerdos de mi memoria, donde los que faltan ya, están aún muy presentes, tanto que se puede oir su voz mientras jugaba.

Esos recuerdos donde no dolía nada ni
tenía miedos, donde la curiosidad era la que nos daba valentía, donde no hacía falta juguetes porque teníamos una imaginación prodigiosa que nos hacía ver lo que queríamos.

Ese lugar, donde sentados en un umbral, sin importar el frío contábamos historias de miedo, que aunque se repitieran siempre nos asustaba.

He vuelto a un ayer lejano, o no tanto, donde todo parecía fácil, y se arreglaba una riña, explicando con un idioma corto en palabras, antes de despedirnos hasta mañana, donde los abrazos eran sinceros y la amistad era real.

Donde los secretos eran compartidos con todos, las miradas limpias, la vida cercana, donde nos veíamos a diario para compartir tiempo...

Ahí, en ese rincón de mi memoria, están guardados momentos mágicos, risas de verdad, abrazos sinceros, gente sana.

He vuelto a sentir, cerrando los ojos, el tacto y el olor, los colores y las risas... y he sonreído.

TCL


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